Sueño cumplido
¿Quién era el Señor de la Muerte?
En los Esteros del Iberá (Corrientes) se cuenta una leyenda que dio origen a la historia de este Santito.
Cuentan los lugareños que en la región, hace más de 200 años, había una prisión donde estaban albergados los leprosos. A estos, por miedo al contagio, los tenían apartados de los demás reclusos en una precaria construcción alejada del pueblo.
En el pueblo vivía un paye (payesero) medio brujo. Se sabía que antes había sido un monje franciscano o jesuita al que los sacerdotes habían expulsado de la religión y se internó en la selva para ayudar a los indígenas. Este paye era conocido por su poder de curación a través de la administración de yuyos, brebajes, y también curaba con las palabras que recitaba en oraciones y administraba aguas curativas a las personas afectadas.
Su gran amor al prójimo que alcanzaba también a los leprosos y no tenía ningún inconveniente de ingresar a las celdas para ofrecerles agua a los enfermos en la culminación de su vida a causa de esa enfermedad a la que todos temían.
Este monje era poco para toda la comunidad, su tarea se debía multiplicar para dar atención a todos los que requerían su ayuda para curar males del cuerpo como así también males espirituales o para quitar algún daño a la persona que había sido víctima de algún ojeo o brujería. El Santito se hacía su tiempo para correr hasta la orilla del río o laguna, sentarse bajo un árbol, ponerse de cuclillas y pedirle a Dios fuerza espiritual, mientras miraba correr el agua.
Todos los días hacía lo mismo, nunca dejaba de ayudar a las personas del pueblo, a los indígenas y leprosos, que eran los más abandonados y maltratados, pero él seguía llevándoles agua para calmar la sed en el leprosario.
A pesar de que lo perseguían y le decían que deje de ayudar y curar él nunca abandonó a su prójimo. Un 13 de agosto fue al pueblo porque tenía que pasar por allí para ir a ver a un enfermo y los sacerdotes, al enterarse de la presencia del monjecito, confabularon con las autoridades y lo llevan preso, encerrándolo en la celda con los leprosos. El monjecito, sin oponer resistencia se dejó conducir hasta el encierro, pero a modo de protesta comenzó a ayunar de pie, apoyado sobre un callado (bastón largo que utilizan los pastores o los viajeros para ayudarse a caminar), hasta que la muerte le llegó luego de siete días. Cuando abrieron la puerta de la celda lo encuentran muerto de pie con su túnica negra apoyado en el bastón que tenía forma de L invertida. Su carne se había consumido y era sólo su esqueleto cubierto de piel.

Se cree que el apodo de: “Señor de la Muerte” viene de su ocupación y preocupación por las personas que tenían lepra, ya que en esa época no tenía cura y era una sentencia de muerte segura.
La persona que posee este Santito tiene el don de ayudar a su prójimo, no hay que tenerle miedo, pero sí respetarlo. Es un buen amigo y protector, si le prometés algo, cumplí, pues si le fallas, él se aleja y el castigo que recibas será de tu conciencia porque a un buen amigo no se le falla.
La fiesta en honor al Santito comienza el 13 de Agosto y continúa hasta el 20, para recordar desde su puesta en prisión hasta el día en que abrieron la celda y lo encontraron muerto.


